ENTORNO

Santa Catalina y nuestra casa

Cuenta la tradición oral que el pueblo originario se denominaba Santa Cruz, y se extendía entre los dos arroyos que recorren el valle.

Debido a una epidemia, el pueblo desapareció y los últimos habitantes ascendieron a la colina, dónde se encontraba el Hospital de Yuso, en el Camino de Santiago, y empezaron a establecerse. Aquí surgió el nombre de Santa Catalina.

Esta casa fue una de las primeras, construida por canteros profesionales, y en su día casa señorial, que fue habitada por musulmanes o judíos conversos como se puede observar en la inscripción de la entrada principal de la casa, señal que identificaba a los nuevos cristianos para evitar así su expulsión.

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A principios del siglo XIX, fue habitada por el presidente de la junta vecinal del pueblo y según tradición oral tuvo que cederla a Napoleón y probablemente sirvió de cuartel para sus tropas.

Cuenta la tradición que por estas  fechas, y estando celebrando la fiesta patronal en la era del Hospital, las gentes del pueblo iban a degustar un suculento cocido tan popular en estas tierras, y ante el aviso de que se acercaban las tropas de Napoleón que ya habían conquistado Astorga, decidieron seguir con la celebración festiva y comenzaron a comer las carnes que era lo más gustoso y caro del conocido plato ( nada más y nada menos que 16 tipos de carnes lo formaban ), dejando para el final la sopa por si llegaban los afrancesados.

Así tomó forma el cocido maragato que a diferencia de los demás que abundan por nuestra geografía, comienza de al revés.

Hoy Santa Catalina es un hermoso pueblo conocido en la ruta peregrina hacia Santiago y Finisterre, con servicios de albergues, restaurantes, tienda etc

Situado en la comarca de la Maragatería, fuente de conocidos arrieros en un principio, e innumerables empresarios y pescadores, que se encargaron de trasladar el pescado de Galicia a toda la geografía española.

Con unas tradiciones y costumbre muy arraigadas, La Maragatería ofrece un grupo de pueblos con una arquitectura popular impresionante, que se extienden por las faldas del mítico Tilenus ó monte Teleno, montaña sagrada para los ástures y los romanos.

Restos de explotaciones mineras, oro mayormente, petroglifos, iglesias y otros monumentos hacen de esta comarca un lugar ideal para descansar, recorrer a pie o en bicicleta, pescar o cazar.

La gastronomía es rica y abundante, destacando sobre todo El Congrio al Ajo Arriero, El Cocido Maragato, El Entrecuesto, El Botillo o LLosco, La Sopa de Congrio, La Sopa de truchas, La Cecina y demás embutidos como la Androlla Maragata, el Salchichón, los famosos garbanzos de Pico Pardal, autóctonos de la zona, las natillas maragatas, las populares mantecadas de Astorga o los merles.

Los Maragatos

La Maragatería es una comarca situada en el centro oeste de la provincia de Leon, antiguamente denominada Somoza. Tierra dura, fría y poco fértil, bajo la tutela de esa gran montaña mágica para astures y romanos, que se eleva 1.188 metros de altura, el Teleno.

A sus pies restos de excavaciones de oro de la época romana, arroyos, hermosísimos pueblos y paisajes que dan a esta tierra una magia y un color muy especial.

El origen de sus pobladores, los maragatos, aún sigue siendo un misterio, repobladores mozárabes ó bereberes, cartagineses,  judíos o descendientes del rey astur Mauregato son algunas de las versiones manejadas por los historiadores.

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Sus costumbres, tradiciones, trajes, idiosincrasia y arquitectura llamaron la atención de investigadores españoles y europeos. Siempre mantuvieron con orgullo su origen y condición. Algunos alcanzaron notoriedad en distintas épocas y muchos gozaron de grandes fortunas.

Alonso Luengo los definía como gente noble, leal y valiente.

“viven sólo entre su propia gente, conservando sus costumbres y vestidos primigenios, sin contraer matrimonio jamás fuera de su tribu. Tan errantes y nómadas como los beduinos, sus mulas sustituyen a los camellos. Su honradez y laboriosidad se han hecho proverbiales. Es una gente sosegada, grave, inexpresiva, práctica e industriosa. Sus tarifas son altas, pero las compensa la seguridad, pues se les podría confiar oro molido”. Richard Ford, 1830.

Ellos se consideran una casta aparte en el mundo, y tan apegados están a sus leyes morales, que no adoptan de las ajenas cosa alguna, ni buena ni mala”.

Concha Espina

Entre sus peculiares costumbres destaca La Covada, la Fiesta del Arado, la Bosa Maragata, los Bolos Maragatos

Se hicieron conocidos por sus artes para el comercio, y ejercer de mensajeros para la corona por su rectitud y fieldad. Aparecen los primeros arrieros ya en el siglo IX, con las repoblaciones de Ordoño I para abastecer a toda esta gente de todo tipo de alimentos. En el siglo XVIII comenzaron el suministro de pescado del Atlántico hacia la meseta castellana, principalmente Madrid, con sus carruajes, pero sufrieron una grave crisis con la aparición del ferrocarril en el siglo XIX. Muchos emigraron a Argentina y Uruguay, fueron los primeros pobladores de la Patagonia. En España se fueron convirtiendo en taberneros, pescaderos, principalmente en Madrid y Galicia y aún hoy  copan prácticamente el reparto de pescado en Madrid y provincias de interior.

Su arquitectura, basada en el modelo de casa romana, constaba normalmente de grandes edificios cuadrados, construidos en piedra y madera,  con un patio central grande empedrado, y un portalón orientado normalmente al sur por donde entraban los carromatos y con un arco de medio punto. Hacia el norte se instalaba la cocina. Grandes estancias, salones y baños así como estancias para la servidumbre formaban estas hermosas casas maragatas, al lado de otras más humildes con techo de paja o teja reminiscencias de la cultura astur y sus pallozas o casas de teito.

El tamaño de las casa arriera iba en función del poder adquisitivo de su dueño.